El Perú se aproxima a las elecciones generales de 2026 en un contexto económico mixto. Por un lado, los principales indicadores muestran estabilidad y una recuperación progresiva; por otro, persisten debilidades estructurales que podrían intensificarse en un año marcado por la incertidumbre política.
La gran pregunta es si esta relativa calma económica resistirá el ruido propio del proceso electoral.
📈 Crecimiento moderado, pero sostenido.
Tras varios años de expansión limitada, la economía peruana logró retomar una senda de crecimiento en 2025. Las estimaciones oficiales apuntan a que el Producto Bruto Interno habría crecido alrededor de 3,3 %, mientras que para 2026 se prevé una expansión cercana al 3,0 %, ritmo que incluso podría extenderse al año siguiente.
Este desempeño se apoya principalmente en actividades como minería, agroexportación, sector agropecuario y servicios, que han mostrado mayor resiliencia frente a los shocks internos y externos. En el contexto regional, el Perú destaca como una de las economías con mejor proyección de crecimiento en América Latina, superando el promedio de países vecinos.
💸 Inflación controlada: un ancla de estabilidad.
Uno de los pilares del actual escenario económico es la estabilidad de precios. Desde mediados de 2024, la inflación regresó al rango objetivo del Banco Central de Reserva, lo que ha permitido reducir presiones sobre el poder adquisitivo de los hogares y mantener una política monetaria predecible.
Este control inflacionario ha sido clave para sostener la confianza macroeconómica en la antesala del proceso electoral.
🏗️ Inversión privada: avance lento en clima preelectoral.
A pesar del crecimiento económico, la inversión privada muestra señales de cautela. El ambiente político y la falta de claridad sobre el rumbo del próximo gobierno han llevado a muchas empresas a postergar decisiones de largo plazo.
Este comportamiento es habitual en contextos electorales y podría traducirse en un crecimiento muy acotado de la inversión durante 2026, limitando el impulso económico en el corto plazo.
🧮 El frente fiscal: una tarea pendiente.
El Estado enfrenta el desafío de recomponer las cuentas públicas. Luego de dos años sin cumplir la regla fiscal, el objetivo es reducir el déficit y retornar gradualmente a una senda de disciplina presupuestaria.
El reto no es menor: contener el gasto sin afectar servicios esenciales y, al mismo tiempo, evitar trasladar desequilibrios al siguiente gobierno. El manejo fiscal en el último tramo previo a las elecciones será determinante para la credibilidad económica del país.
👥 Pobreza e informalidad: el talón de Aquiles.
Más allá de las cifras macroeconómicas, la realidad social sigue siendo compleja. Una parte importante de la población aún no logra cubrir el costo básico de vida, y el mercado laboral continúa dominado por la informalidad.
Millones de trabajadores carecen de estabilidad, protección social y ahorros, lo que los vuelve especialmente vulnerables ante cualquier desaceleración económica. Este círculo de precariedad limita el impacto real del crecimiento sobre el bienestar de las familias.
🇵🇪 ¿Qué implica este escenario para el Perú?
La economía peruana llega al 2026 con bases macroeconómicas sólidas, pero con brechas estructurales sin resolver. El crecimiento actual es suficiente para evitar una crisis, pero insuficiente para generar mejoras significativas en empleo formal y reducción de la pobreza.
El verdadero desafío será traducir estabilidad en oportunidades reales, algo que dependerá en gran medida del mensaje económico que envíen los candidatos y del rumbo que adopte el próximo gobierno.
💱 Impacto sobre el tipo de cambio: estabilidad con episodios de volatilidad.
En el frente cambiario, este escenario sugiere un tipo de cambio relativamente estable, respaldado por:
- Inflación controlada
- Credibilidad del Banco Central
- Ingresos de divisas por exportaciones
Sin embargo, conforme se acerque la elección, podrían presentarse episodios de volatilidad, especialmente si surgen propuestas que generen desconfianza en los mercados. En ese contexto, el BCR seguiría desempeñando un rol clave para evitar movimientos bruscos del dólar frente al sol.
🔍 Conclusión: estabilidad frágil en año decisivo.
El Perú llega a las elecciones de 2026 con una economía ordenada, pero vulnerable al factor político. La estabilidad actual no está garantizada: dependerá de la capacidad de preservar la disciplina fiscal, atraer inversión y reducir la informalidad.
Más que nunca, el proceso electoral no solo definirá un nuevo gobierno, sino también la sostenibilidad del crecimiento económico en los próximos años.















