El sol se fortalece como no se veía en seis años.
El mercado cambiario peruano se volvió sorprendente. El dólar cerró la jornada por debajo de los S/3.35, alcanzando su cotización más baja desde inicios de 2020. Este movimiento consolida una tendencia de apreciación del sol que se viene observando desde finales del año pasado y que, lejos de ser coyuntural, responde a una combinación de factores internos y externos.
Al cierre de la sesión, el tipo de cambio interbancario se ubicó en S/3.347, lo que representó una ligera caída diaria cercana al 0.1%. Con este resultado, la divisa estadounidense acumula un retroceso superior al 0.5% en lo que va del 2026, profundizando la corrección iniciada el año anterior.
Intervención del BCR: contención, no reversión.
A pesar del descenso, el Banco Central de Reserva del Perú volvió a participar activamente en el mercado cambiario, adquiriendo dólares con el objetivo de moderar una apreciación excesiva del sol. Esta intervención confirma que el ente emisor no busca cambiar la tendencia, sino suavizar los movimientos para evitar distorsiones en el comercio exterior y en las expectativas del mercado.
Durante la jornada, el tipo de cambio se movió en un rango muy estrecho, reflejo de una abundante oferta de dólares, principalmente proveniente del sector corporativo. Las operaciones alcanzaron volúmenes relevantes, lo que evidencia un mercado líquido y con confianza en la estabilidad macroeconómica del país.
Una tendencia que viene de lejos.
El fortalecimiento del sol no es un fenómeno aislado. En 2025, el dólar ya había registrado una caída anual superior al 10%, una de las más pronunciadas desde la instauración del nuevo sol en la década de 1990. Lo que ocurre en 2026, por tanto, es una extensión de ese proceso de corrección, impulsado por flujos de capital, expectativas favorables sobre la economía peruana y una política monetaria creíble.
El contexto global: dólar fuerte afuera, débil en casa.
Paradójicamente, mientras el dólar muestra una leve recuperación a nivel internacional —reflejada en el avance marginal del índice DXY—, en el mercado peruano continúa perdiendo terreno. A nivel global, la moneda estadounidense se ha visto influenciada por rumores de una posible acción coordinada entre Estados Unidos y Japón para estabilizar el yen, así como por un renovado clima de tensión comercial.
Las declaraciones del presidente Donald Trump, con amenazas arancelarias dirigidas a economías clave como Canadá, China y la Unión Europea, han reactivado la incertidumbre en los mercados financieros. A ello se suman los riesgos fiscales en Estados Unidos y la expectativa de que la Reserva Federal mantenga sin cambios su tasa de interés en el corto plazo.
¿Qué implica este nivel del dólar para el Perú?
Un tipo de cambio bajo tiene efectos mixtos sobre la economía peruana. Por un lado, favorece a los importadores, reduce los costos de bienes y servicios importados y ayuda a contener la inflación, fortaleciendo el poder adquisitivo de los hogares. Este contexto resulta especialmente positivo para sectores dependientes de insumos externos y para los consumidores urbanos.
Sin embargo, también plantea desafíos. Las empresas exportadoras —especialmente las no tradicionales— se enfrentan a un cambio de menor competitividad, lo que puede afectar sus márgenes de ganancia. Además, una apreciación prolongada del sol podría desincentivar ciertos flujos de inversión orientados al sector externo.
Tipo de cambio y expectativas: la clave está en la estabilidad.
Más allá del nivel puntual del dólar, lo relevante para el Perú es la señal que envía el mercado: confianza . La estabilidad cambiaria, respaldada por un banco central activo y creíble, reduce la incertidumbre, ancla expectativas y favorece la planificación de largo plazo tanto para empresas como para familias.
En un entorno internacional volátil, el hecho de que el sol se mantenga fuerte y estable refuerza la percepción del Perú como una economía resiliente. El reto hacia adelante será mantener ese equilibrio: permitir que el mercado refleje sus fundamentos, sin perder de vista los efectos reales que el tipo de cambio tiene sobre el crecimiento y la competitividad.

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