Un fantasma recurrente en Washington.
Los cierres de gobierno en Estados Unidos no son un fenómeno nuevo. Desde los años 70 se han repetido varias veces y, en la mayoría de casos, sus efectos han sido pasajeros. Incluso el más largo de la historia —el de 35 días en 2018-2019— apenas dejó cicatrices en los mercados financieros o en la economía real. Generalmente, cada semana de paralización resta alrededor de 0,2 puntos al PBI, pero esas pérdidas se recuperan rápido cuando el Estado vuelve a operar.
¿Por qué esta vez sería distinto?
La novedad radica en que la administración Trump ha insinuado que no todos los trabajadores federales suspendidos serían recontratados. Es decir, podrían producirse despidos permanentes de cientos de miles de empleados públicos, lo que marcaría una ruptura con la lógica de cierres anteriores. Para los economistas, esto podría derivar en un impacto más duradero sobre el consumo, el desempleo y, en consecuencia, la confianza de los inversionistas.
La economía sin brújula.
Otro riesgo es la falta de datos oficiales. Con un cierre en marcha, oficinas como la Bureau of Labor Statistics dejarían de publicar cifras cruciales sobre empleo e inflación. En un contexto en el que la Reserva Federal necesita información clara para definir sus próximas decisiones de política monetaria, la ausencia de estadísticas sería como “volar a ciegas”. Esto no solo afectaría a la Fed, sino también a empresas y analistas que dependen de esos reportes para planificar inversiones.
Wall Street, aún tranquilo.
Históricamente, la bolsa estadounidense ha mostrado una resistencia notable frente a los cierres de gobierno. En algunos casos, incluso el índice S&P 500 subió durante los días de paralización. Sin embargo, los expertos advierten que la coyuntura actual es más frágil: el mercado laboral se enfría, la inflación sigue siendo un reto y el ruido político añade incertidumbre. En este escenario, el desenlace podría no ser tan benigno como en el pasado.
¿Qué implica para el Perú?
Aunque un cierre en EE. UU. parece un asunto lejano, su impacto puede sentirse en el Perú de varias formas:
- Tipo de cambio: la incertidumbre global podría fortalecer al dólar como activo refugio, presionando al alza la cotización en el mercado peruano. Un billete verde más caro encarecería importaciones clave como combustibles y alimentos.
- Flujos de capital: un escenario de mayor volatilidad en EE. UU. podría llevar a los inversionistas a replegarse de mercados emergentes, restando atractivo a la deuda peruana y generando salidas de capital.
- Exportaciones: si el cierre afecta la confianza de los consumidores y empresas en EE. UU., la demanda de bienes importados [incluyendo minerales peruanos] podría resentirse en el corto plazo.
Un momento delicado.
El problema no es solo el cierre en sí, sino el contexto en el que ocurre: una economía estadounidense menos sólida que en años anteriores y con tensiones laborales en aumento. Para el Perú, esto significa un escenario de mayor volatilidad cambiaria y la necesidad de una respuesta prudente del BCR para contener cualquier shock.













